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El Popol Vuh fue rescatado, salvado de las fauces del olvido y el menosprecio. Es el manuscrito maya en el que se explica o relata el origen y su visión del mundo.
Los Dioses Mayas, como los de otras religiones, eran todopoderosos, y podían generar desde vida animada hasta montañas inamovibles con sólo pretenderlo o pensarlo: “todo estaba en suspenso, todo en silencio, todo en calma; todo inmóvil, callado y vacía la extensión del cielo”. No había nada, entonces Tepeu y Gucumatz (algunos dicen que éste es el mismísimo Kukulcán), acordaron la creación: “¡Hágase ahí! ¡Que se llene el vacío! …”
Fue una ardua tarea pero, al fin, muy bien lograda. En el libro sagrado se explican las creaciones del mundo, de sus imperfecciones, de los intentos de hombres de barro, de madera y luego de maíz. También se explican la lucha en el inframundo de los dioses gemelos en Xilbalbá, y muchas otras y ricas historias que formaban un compendio fantástico para el relato y el estudio de su pueblo.
Los dioses crean la vida
Así explican los mayas su devoción por los dioses y su gran espiritualidad. Los dioses necesitan de los seres humanos para su alabanza. Y no deja de ser curioso que estos dioses necesiten de alguna manera a los mortales, al punto de crearlos una y otra vez hasta desarrollarlos óptimamente.
La creación del mundo en muchas religiones, extintas o actuales, tiene la característica que la ciencia en algún momento del desarrollo llamaron “generación espontánea”. Esto de levantar una roca y hacer aparecer un pájaro o una víbora; o fuertemente practicar un soplido y formar los huracanes, o a través de la palabra: “Hágase la luz, y la luz se hizo”. Un punto común y frecuentado por muchas culturas.
Explicación de los sucesos naturales
El método de adivinación es sencillamente fantástico y preciso. La civilización maya fue mucho más allá que otras de su época, incluso que la nuestra. Estaban sabiamente ubicados en el cosmos y aceptaban su papel con una integridad impecable.
A los mortales actuales nos cuesta demasiado creer en el destino y en la suerte que corremos; nos place imaginar que somos dueños de nuestro camino e intocables a los infortunios, algo intrincado de resolver.
El Popol Vuh descifraba para la comunidad los acontecimientos que se desarrollaban. El tiempo circular de los Mayas les ayudaba a la adivinación. La aceptación de calamidades o catástrofes era global, en sentido religioso e inevitable.
Lo mágico y maravilloso
Los Mayas convivían a diario con este tipo de manifestaciones. En este punto se asimilan, por ejemplo, a la civilización griega, quienes tenían deidades de partes humanas, imperfectas, que a menudo pisaban tierra para igualarse a los hombres. El mundo Maya es un mundo maravilloso donde religión, política y sociedad se entremezclaban en lo cotidiano. Por estas razones el Popol Vuh Maya es un libro que puede relacionarse al Antiguo Testamento cristiano, o a la Teogonía del Olimpo Griego; un libro de características universales.
Es menester anunciar o lanzar la hipótesis de que quizás los hombres de todos los tiempos poseen a Dios en su cifrado cromosómico, que se expresa de modo particular e idéntico, y aunque variando interpretaciones, el significado final es el mismo: Dios está en el Hombre.
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